Ludovico Einaudi – Seven Days Walking – Ascent es una de esas composiciones capaces de suspender el tiempo. Desde los primeros compases, queda claro que Einaudi posee un talento único para crear paisajes sonoros que parecen surgir de un lugar entre la memoria y el sueño. Como parte del proyecto Seven Days Walking, Ascent se convierte en un capítulo especial dentro de esta serie de caminatas musicales, un momento en el que cada nota asciende con delicadeza, como si persiguiera una luz lejana entre la nieve.
El disco entero está construido alrededor de la idea de caminar en invierno, de dejar que el sonido acompañe el ritmo de los pasos sobre un sendero helado. En Ascent, esa caminata se transforma en una subida íntima, tanto física como espiritual. Con su característico minimalismo, Einaudi logra que el piano se convierta en una especie de guía silencioso; cada acorde respira, se expande y crea una atmósfera que invita a la reflexión. En su aparente sencillez reside una profundidad que evoca la quietud de un paisaje blanco, el crujido de la nieve y esa paz que solo la naturaleza sabe ofrecer.
Pero Ascent no es solo una pieza contemplativa: también es un refugio. Una música que abraza, que ofrece un espacio para detenerse y escuchar lo que llevamos dentro. Es una invitación a la pausa, a reencontrarnos con nuestras emociones, a recordar lo que de verdad importa.
Hace unos días, al volver a escuchar Ascent, sentí cómo esta música volvía a abrir un capítulo muy personal: los momentos compartidos con mi gran amigo Álvaro, que ya no está con nosotros. Esta pieza era especial para ambos; la escuchábamos sin decir nada, sabiendo que a veces la verdadera conexión no necesita palabras. La melodía, suave y limpia, parecía hablarnos de cosas que solo se entienden desde la amistad profunda.
Reencontrarme con Ascent fue como volver a caminar junto a él. Sentí una nostalgia dulce, de esas que duelen pero al mismo tiempo reconfortan, porque traen de vuelta recuerdos que permanecen vivos en el alma. La música tiene ese poder inexplicable de unir tiempos y afectos, de ofrecernos un espacio donde convergen lo que fuimos, lo que sentimos y lo que aún guardamos dentro.
Por eso, quiero que esta pieza quede también como un homenaje a esa amistad que sigue resonando en mi memoria. Ascent se convierte en un eco que perdura, en un recordatorio de que algunas presencias permanecen incluso cuando ya no están físicamente con nosotros.
Y así, el título cobra un nuevo sentido: “ascent”, ascenso, como ese movimiento sutil y luminoso que imaginamos cuando pensamos en quienes han partido. La música, con su lenguaje invisible, parece acompañar ese ascenso, llevándonos a un lugar más alto, más cálido, más cerca de ellos. En cada nota hay una pequeña elevación, un impulso hacia arriba, como si el piano abriera un sendero hacia el cielo.
Mientras existan composiciones como esta, capaces de tocar lo más profundo, esos lazos seguirán vivos y ascendentes, sostenidos por la belleza de la música y por el corazón que escucha, que recuerda, y que también —de alguna forma— se eleva.
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