Mike Oldfield – Return to Ommadawn
Un regreso íntimo a la esencia
Cuando Mike Oldfield publicó Return to Ommadawn el 20 de enero de 2017, muchos seguidores sintieron que estaban asistiendo a algo más que al lanzamiento de un nuevo disco. Era, en cierto modo, un viaje de regreso al origen, una conversación con el joven músico que en los años setenta había revolucionado la música instrumental con obras como Tubular Bells, Hergest Ridge y, especialmente, Ommadawn.
Este trabajo, el vigésimo sexto álbum de estudio de su carrera, nació como una secuela directa de aquel legendario disco de 1975. La idea llevaba décadas rondando la cabeza de Oldfield. De hecho, a finales de los años ochenta el álbum Amarok fue concebido inicialmente como una especie de Ommadawn II. Sin embargo, durante el proceso creativo acabó transformándose en una obra mucho más experimental y desafiante, alejándose de la senda marcada por su predecesor.
La semilla de Return to Ommadawn comenzó a germinar oficialmente en octubre de 2015, cuando Oldfield escribió en Twitter que estaba trabajando en algunas ideas para un "Nuevo Ommadawn". Aquellas palabras despertaron inmediatamente la curiosidad de sus seguidores. Meses después, en mayo de 2016, confirmó que el proyecto estaba terminado. La noticia fue recibida con entusiasmo por una comunidad de admiradores que llevaba años esperando una obra de corte más clásico dentro de su discografía.
El regreso a las raíces
Desde el mismo título, Oldfield deja claras sus intenciones. No pretende reinventarse ni perseguir tendencias contemporáneas. Tampoco busca competir con sus propios clásicos. Lo que propone es un retorno consciente a las formas musicales que definieron su identidad artística.
Y lo consigue desde los primeros minutos.
En Return to Ommadawn reaparecen muchos de los elementos que hicieron inolvidable el álbum original: las guitarras acústicas entrelazadas, los ritmos inspirados en la tradición celta, las percusiones tribales, las melodías que parecen surgir de paisajes abiertos y una construcción musical basada en la evolución constante más que en la estructura convencional de canción.
El disco se aleja deliberadamente de las producciones más sofisticadas y orquestales de trabajos como Music of the Spheres o de las exploraciones electrónicas que habían aparecido en otras etapas de su carrera. Aquí todo resulta más orgánico, más cercano y más humano.
Es como si Oldfield hubiera decidido apagar el ruido exterior para escuchar de nuevo la voz de sus propias raíces.
Un músico solo frente a sus instrumentos
Uno de los aspectos más fascinantes del álbum es su proceso de creación.
Al igual que ocurrió con muchas de sus primeras obras, Return to Ommadawn fue grabado casi íntegramente por el propio Mike Oldfield en su estudio de Nassau, Bahamas. Allí asumió prácticamente todos los papeles: compositor, intérprete, productor e ingeniero de sonido.
La lista de instrumentos utilizados es impresionante: guitarras acústicas y eléctricas, mandolinas, banjos, bouzoukis, teclados, bodhráns, whistles y múltiples capas de percusión que construyen un universo sonoro rico y detallado.
Este enfoque artesanal aporta una coherencia especial al disco. Cada nota parece responder a una misma sensibilidad, a una única visión artística. No hay artificio ni exceso. Todo está al servicio de la atmósfera.
Se percibe el placer de un músico veterano que vuelve a tocar por pura pasión, sin presiones comerciales ni expectativas externas.
Dos movimientos, un único viaje
Fiel al espíritu de sus grandes trabajos de los años setenta, el álbum está estructurado en dos extensas piezas:
- Return to Ommadawn Part I
- Return to Ommadawn Part II
Más que dos composiciones independientes, funcionan como las dos caras de una misma travesía emocional.
La primera parte se desarrolla con una luminosidad contagiosa. Las guitarras dialogan entre sí creando texturas delicadas y fluidas. Los motivos melódicos aparecen y desaparecen como recuerdos lejanos, mientras la música avanza con naturalidad, sin necesidad de grandes explosiones dramáticas.
La segunda parte introduce momentos más introspectivos y contemplativos. Hay una sensación de madurez serena, de alguien que observa el camino recorrido y encuentra belleza en la experiencia acumulada. Los pasajes melancólicos conviven con otros llenos de esperanza, generando un equilibrio emocional que resulta profundamente conmovedor.
Como en los mejores trabajos de Oldfield, la música parece contar una historia sin palabras. Cada oyente puede encontrar en ella sus propios paisajes, recuerdos y emociones.
La belleza de la honestidad
Quizá el mayor logro de Return to Ommadawn sea precisamente su honestidad.
En una época dominada por producciones cada vez más complejas, por la búsqueda constante de impacto inmediato y por una industria obsesionada con la novedad, Mike Oldfield optó por el camino contrario: mirar hacia dentro.
Por eso el álbum nunca suena a ejercicio nostálgico ni a intento de recrear un éxito pasado. No es una copia de Ommadawn. Tampoco pretende competir con él.
Es la visión de un artista que, después de más de cuatro décadas de carrera, vuelve a encontrarse con aquello que le hizo enamorarse de la música.
La diferencia es que ahora lo hace con la serenidad de la experiencia.
No busca impresionar. No necesita demostrar nada. Solo quiere crear belleza.
Y precisamente por eso la encuentra.
Un adiós inesperado
Con el paso de los años, Return to Ommadawn ha adquirido un significado especial dentro de la discografía de Oldfield. Hasta la fecha sigue siendo su último álbum de estudio con material completamente nuevo.
Si finalmente acaba siendo su despedida discográfica, resulta difícil imaginar un cierre más apropiado.
Después de una carrera extraordinaria marcada por la innovación, la exploración y la búsqueda constante de nuevos horizontes sonoros, Mike Oldfield eligió terminar el viaje regresando al lugar donde todo comenzó.
No con grandilocuencia.
No con fuegos artificiales.
Sino con una obra íntima, sincera y profundamente personal.
Una pausa necesaria
Escuchar Return to Ommadawn hoy sigue siendo una experiencia casi terapéutica.
Es un disco que invita a detenerse, a escuchar sin prisas y a recuperar la antigua costumbre de dejar que un álbum completo nos acompañe durante una hora de nuestras vidas.
Sus melodías fluyen como un río tranquilo que conoce perfectamente su destino. No hay urgencia. No hay tensión. Solo el placer de dejarse llevar.
Con esta obra, Mike Oldfield demuestra que la emoción no depende de la complejidad ni de la espectacularidad. Basta una guitarra, una melodía inspirada y la sensibilidad de un compositor capaz de transformar sonidos en paisajes del alma.
Return to Ommadawn no es únicamente una continuación de un clásico. Es la demostración de que, incluso después de toda una vida dedicada a la música, todavía es posible regresar al hogar creativo y descubrir que sigue siendo un lugar lleno de magia.
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