La Serenissima – Loreena McKennitt




         
      

🌊 Loreena McKennitt – “La Serenissima”: una Venecia que descubrí escuchando música

Hay canciones que llegan a nuestra vida en un momento determinado y, sin saber muy bien por qué, terminan quedándose allí para siempre. No necesariamente son las más famosas, ni siquiera tienen que ser las mejores canciones de un artista. Simplemente aparecen en el momento adecuado y consiguen conectar con algo que llevamos dentro.

Para mí, “La Serenissima”, de Loreena McKennitt, es una de esas piezas.

Curiosamente, no necesito haber estado en Venecia para sentir lo que esta música me transmite. Cuando comienza a sonar, mi imaginación hace el resto. Aparecen los canales, el agua tranquila, los edificios antiguos reflejándose sobre ella, las calles estrechas y esa sensación de estar contemplando un lugar que pertenece tanto al presente como al pasado.

Es una de esas ocasiones en las que la música consigue construir un recuerdo de algo que quizá ni siquiera hemos vivido.

🎧 Hay músicas que nos llevan a lugares que no conocemos

Descubrí hace tiempo que mi relación con la música no consiste solamente en escuchar discos.

Hay determinados álbumes y determinadas canciones que se convierten en lugares. Vuelvo a ellos cuando necesito recuperar una sensación, una época o simplemente desconectar de todo lo que ocurre alrededor.

Y eso es precisamente lo que me sucede con “La Serenissima”.

La pieza pertenece a The Book of Secrets, publicado en 1997, uno de los discos más conocidos de Loreena McKennitt. En aquel momento, la música celta y sus diferentes fusiones vivían una época especialmente interesante y artistas como McKennitt demostraban que aquellas sonoridades podían viajar mucho más allá de las fronteras de la tradición.

Pero cuando escucho “La Serenissima” no pienso en listas de ventas, ni en etiquetas musicales, ni siquiera en la trayectoria de Loreena.

Pienso en imágenes.

Y eso es algo que siempre he valorado muchísimo en la música instrumental.

🕯️ Una canción que no necesita palabras

Quizá por eso esta pieza me resulta tan especial.

Loreena McKennitt es conocida por su voz, pero aquí decide prescindir de ella. No necesita contarnos qué está ocurriendo. El arpa comienza a dibujar lentamente la melodía y las cuerdas van incorporándose hasta crear un paisaje sonoro extraordinariamente delicado.

El violonchelo de Anne Bourne, la viola da gamba de Joanna Levine y la guitarra victoriana de Robin Jeffery aportan esa sensación antigua que parece acompañar toda la composición.

Y mientras escucho, mi cabeza comienza a viajar.

Me imagino recorriendo Venecia cuando cae la tarde, cuando desaparece poco a poco el ruido y la ciudad empieza a mostrar otra cara. Una ciudad más íntima, más misteriosa, casi irreal.

Quizá esa sea la verdadera fuerza de la música: permitirnos vivir experiencias que no hemos vivido.

🌊 Mi Venecia está dentro de esta canción

Hay algo curioso en todo esto.

Cada persona construirá su propia Venecia cuando escuche “La Serenissima”. Para algunos será la Venecia de sus viajes, de sus fotografías o de sus recuerdos. Para mí es una Venecia imaginada a través de la música.

Y quizá por eso tiene un significado tan especial.

No está condicionada por lo que realmente es Venecia.

Es la Venecia que yo quiero imaginar.

Una ciudad suspendida en el tiempo, sin prisas, sin multitudes, sin teléfonos, sin ruido. Una ciudad de otra época que aparece durante unos minutos cada vez que pongo la canción.

Y entonces comprendo que la música también puede ser una forma de viajar.

No necesitamos hacer una maleta.

No necesitamos coger un avión.

A veces basta con darle al play.

🎻 Loreena y esa manera de mirar hacia el pasado

Siempre me ha atraído esa capacidad de Loreena McKennitt para mezclar culturas y épocas.

En su música conviven el mundo celta, la tradición medieval, el Mediterráneo y las influencias orientales. Pero lo verdaderamente interesante es que nunca parecen elementos separados. Todo acaba formando parte de un mismo universo.

En “La Serenissima” esa mezcla funciona especialmente bien.

El título hace referencia a la antigua República de Venecia, pero la composición no pretende ser una reconstrucción histórica. Es más bien una evocación.

Y eso me gusta.

Porque cuando escucho música prefiero muchas veces la sugerencia a la explicación.

Prefiero que una melodía me permita imaginar antes que decirme exactamente qué debo sentir.

🌙 Escucharla hoy

Con el paso de los años, algunas canciones cambian.

Nosotros cambiamos y ellas permanecen.

Lo que escuchábamos con veinte años puede significar algo completamente diferente décadas después. Algunas canciones pierden fuerza; otras adquieren una profundidad que antes no éramos capaces de apreciar.

Con “La Serenissima” me ocurre esto último.

Hoy la escucho de una manera mucho más reposada.

Quizá porque con el tiempo uno aprende a valorar precisamente esas pequeñas cosas que antes podían pasar desapercibidas: una melodía sencilla, un instrumento que entra en el momento exacto, un silencio, una sensación de calma.

Y también porque cada vez me interesa más esa música que no necesita imponerse para emocionar.

🌊 Una pequeña isla dentro de mi historia musical

Mi historia musical está llena de grandes canciones, discos que marcaron épocas y artistas que me han acompañado durante muchos años.

Pero también está formada por pequeñas piezas como esta.

Canciones que quizá no ocuparían los primeros puestos de ninguna lista, pero que tienen la capacidad de detener el tiempo durante unos minutos.

“La Serenissima” es una de ellas.

Cuando la escucho, Venecia aparece en mi imaginación.

No la Venecia real, sino esa otra Venecia que pertenece a la música, a los recuerdos y a los lugares que construimos dentro de nosotros.

Y quizá eso sea lo que más me gusta de esta composición.

Que Loreena McKennitt escribió una pieza sobre Venecia, pero cada uno de nosotros puede convertirla en su propia Venecia.

La mía empieza cuando suena el arpa.

Y durante unos minutos, todo lo demás puede esperar.







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