Sojiro: el maestro japonés de la ocarina - “Furusato no Genfukei”






              



Sojiro: el maestro japonés de la ocarina y la emotiva belleza de “Furusato no Genfukei”

En el vasto universo de la música instrumental, pocos artistas han logrado capturar la esencia de la naturaleza y la nostalgia con tanta pureza como Sojiro (宗次郎), cuyo nombre real es Nomura Sōjirō. Nacido el 10 de octubre de 1954 en Tatebayashi, prefectura de Gunma (Japón), este músico, compositor y artesano se ha convertido en el máximo exponente mundial de la ocarina de cerámica, un instrumento ancestral que elevó a un nivel de expresión poética y espiritual.

Una vida dedicada a encontrar el sonido propio

La historia de Sojiro es tan inspiradora como su música. En 1975, durante una visita a un pueblo montañoso de Tochigi, escuchó por primera vez el sonido de una ocarina y quedó profundamente fascinado. Aquella experiencia cambió su destino.

Decidió abandonar la vida convencional y convertirse en discípulo del intérprete Kazan Hisa, iniciando un camino de aprendizaje extremo y casi monástico. Durante una década fabricó más de 10.000 ocarinas hechas a mano, muchas de ellas mientras vivía en una escuela abandonada en entornos rurales japoneses.

De todas aquellas creaciones, seleccionó apenas una decena para sus conciertos, convencido de que cada instrumento debía poseer un alma sonora única. Su infancia rodeada de naturaleza —entre los paisajes del lago Tataranuma y el trabajo agrícola— moldeó profundamente su sensibilidad artística. Para Sojiro, la música no era entretenimiento: era una forma de diálogo con la tierra.

El salto internacional

En 1985 debutó discográficamente con el sello Sound Design, pero el reconocimiento global llegó un año después gracias a la banda sonora del documental de NHK La Gran Ruta Amarilla (大黄河).

Su ocarina acompañó las imágenes del río Yangtsé con una delicadeza hipnótica que conquistó a millones de espectadores en Asia y fuera de ella. Desde entonces, Sojiro ha publicado decenas de álbumes, realizado giras internacionales constantes y recibido importantes reconocimientos, incluido el premio de Planificación en los Japan Record Awards de 1993 por su célebre trilogía natural:

  • Kido (木道)

  • Fūto (風人)

  • Suishin (水心)

Estas obras consolidaron su reputación como uno de los grandes compositores contemporáneos de música instrumental y ambiental.





“Furusato no Genfukei”: el paisaje original del alma

Entre toda su discografía, una pieza destaca por su impacto emocional: Furusato no Genfukei (故郷の原風景), cuyo título puede traducirse como “El paisaje original del pueblo natal”.

Incluida en el álbum Kido, publicado en 1993, la obra dura poco más de cuatro minutos, pero logra algo extraordinario: hacer sentir al oyente que regresa a casa.

La melodía de la ocarina flota con una suavidad cristalina y profundamente melancólica, sostenida por arreglos minimalistas que evocan el viento, el agua y el susurro de los campos. No tiene letra —ni la necesita—. Su fuerza reside en despertar recuerdos universales: la infancia, la naturaleza intacta y la paz que muchas veces se pierde en la vida moderna.

Muchos oyentes describen la pieza como:

  • “música que sana el alma”

  • “un abrazo del hogar”

  • “un recuerdo que no sabías que tenías”

La canción ha trascendido fronteras culturales y musicales. Cuenta con millones de reproducciones en plataformas digitales, ha sido versionada en erhu, flauta, piano y orquesta, y es habitual en contenidos de meditación, relajación y paisajes naturales.

El propio Sojiro amplió el concepto artístico publicando un libro homónimo en 1996 y el DVD Original Scenery + Present Scenery (2002), reforzando la idea central de su obra: el vínculo eterno entre el ser humano y su entorno natural.


Un legado vivo de paz y naturaleza

Hoy, superados los 70 años, Sojiro continúa activo. Vive en las montañas de Ibaraki, donde cultiva su huerto, fabrica personalmente sus ocarinas y sigue componiendo música.

Sus conciertos mantienen una característica poco común en la industria moderna: muchos se realizan sin micrófonos, dejando que el sonido natural del instrumento llene el espacio. Además, dirige el proyecto cultural Ocarina no Mori (“Bosque de la Ocarina”), un lugar dedicado a la educación musical, la naturaleza y la contemplación.

Su filosofía se resume en una frase sencilla pero profunda:

“La ocarina cultiva el aire.”

Para él, la música no es solo sonido, sino respiración, presencia y reconexión con lo esencial.

Sojiro no solo toca la ocarina: nos recuerda que, incluso en un mundo acelerado, siempre podemos volver a casa… aunque sea a través de una melodía.



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